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Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Sangre, La Imagen de Jesús Nazareno de la Sangre, obra manierista realizada hacia 1590 representa a Jesús en el momento de la aceptación de la Cruz camino del Monte Calvario. Se trata de una talla de bulto redondo que conserva el rico estofado de su túnica, donde presenta una característico plegado acanalado, que resalta las formas del desnudo de las piernas hasta reunirse en un haz de pliegues entre ellas. En cuanto al movimiento y al gesto, su actitud es de un erguido avanzar, sin acusar el peso del madero. Su rostro refleja una serena mirada de aceptación de la Pasión. Su cabeza tiene un matizado modelo con una especial recreación en los pormenores del rostro, cabeza y barba. Esta obra que está enclavada, por sus características, en el último tercio del Siglo XVI y cuya atribución ha venido siendo establecida a Pablo de Rojas, se hace más patente hoy día que pudiera ser sin embargo de Diego de Vega.

Entre 1569-1583 se registra la actividad de Diego de Vega, en quién cabría reconocer el “artista-revelación” del circulo escultórico del Quinientos en Antequera. Sin demerito de otras facetas profesionales que nutren su catalogo conocido, la causa estriba, una vez más, en la popularidad y capacidad de proyección que las piezas procesionales suelen dar a sus autores. En nuestro caso, la documentación exhumada por José Escalante, puso de manifiesto que detrás de las atribuciones- algunas de estas bastante fundamentadas- a Pablo de Rojas, que pesaban sobre una serie de obras conservadas en Antequera y la vecina Archidona, se escondía el nombre y la personalidad artística de un escultor de calidad que logró erigirse en un buen intérprete de los grafismos más epidérmicos de la poética del alcalaíno, aunque haciendo valer un espíritu manierista más cercano a los desequilibrios, estilizaciones y tensiones lineales que al sentido romano de lo monumental y lo compacto.   (Sánchez López )

 

Santo Cristo Verde, En 1631, Fray Juan del Castillo, lector jubilado y guardián del Monasterio de San Zoilo, viaja a Granada para adquirir del Convento de Franciscanos Casa Grande la Imagen de un Crucificado de carnación sinople (en heráldica, color verde), realizado por Jerónimo Quijano en 1543, según consta en el documento titulado “Inventario de Imágenes y Cuadros existentes en el Convento Casa Grande de Granada”, conservado en el Archivo Histórico Nacional, Legajo 25 de la Sección de Consejos y Ciudades. En torno a esta Imagen pronto se crea en el Monasterio una Cofradía, la cual se acomoda en la Capilla de la Santa Vera Cruz y Sangre. Este hecho propició que diez años más tarde, el 28 de Diciembre 1641, esta Cofradía se uniera a la de la Vera Cruz y Sangre de Jesucristo, configurándose a partir de este momento la actual estructura de la Cofradía. Esta unión fue sancionada mediante la rectificación de las Reglas existentes con quince capítulos más, y fueron aprobadas el 21 de Marzo de 1643 por Don Diego Bermúdez de Castro, Vicario General de Málaga en nombre del entonces Obispo Don Fray Antonio Enríquez.

La curiosa denominación de esta Imagen como Cristo Verde o el Señor Verde, que de ambas maneras se le cita en los documentos antiguos, se debe a la tonalidad verdosa marfileña de la policromía de sus carnaciones. Representa a Jesús de Nazaret, muerto en la Cruz.

 

Nuestra Señora de la Santa Vera+Cruz.

La Imagen de Ntra. Sra. de la Santa Vera Cruz es la de una Dolorosa de vestir o de candelero, de una extraordinaria y logradísima belleza e intachable ejecución. El rostro aparece levemente inclinado hacia el lado derecho, habiendo conseguido plasmar el escultor el preciso instante en que un desgarrador y contenido sollozo se convierte en llanto.

Sobre la autoría de esta Dolorosa se han estado barajando durante mucho tiempo los nombres de Juan Bautista y Antonio del Castillo, por su intima vinculación con la Archicofradía de la Sangre, pero sin embargo en 1995, José Escalante Jiménez, tras un detallado estudio de los documentos del archivo particular de la Hermandad, descubre la autoría real de la Imagen y que corresponde a Jerónimo Brenes, como veremos más adelante. El modelo iconográfico de la Dolorosa aparece ya perfectamente definido en Antequera a finales del Siglo XVI. Y se desarrolla a partir de la centuria siguiente. El modelo es siempre el mismo. Son imágenes de candelero para vestir. Razón por la que sólo presentan talladas en madera la mascarilla y las manos. Sus pequeñas distinciones, se centran en la policromía de las mascarillas, y en los giros e inclinaciones de la cabeza, así como en la posición de las manos y su expresividad. Esto explica la dificultad que entraña su catalogación. Durante el Siglo XVII se introducen elementos novedosos. La efigie se enriquece, por afanes naturistas, con ciertos postizos: ojos, lágrimas de cristal, pestañas y cabellos naturales. Y, en el siglo XIX, la indumentaria, realizada a base de ricas telas y bordados, denuncia la afición a lo curvilíneo, a lo decorativo y al efectismo teatral tan propio del sentimiento cortesano de la época. Dentro de ésta tipología encuadramos a Nuestra Señora de la Santa Vera-Cruz, cotitular de la Archicofradía de la Sangre. Su modelo iconográfico responde al conocido prototipo de ”Mater Dolorosa”, de pie, la cabeza de rostro lloroso ligeramente inclinada hacia su derecha y con las manos juntas y los dedos entrelazados. En las últimas décadas, sin embargo se muestra con las manos abiertas, siendo las actuales del escultor Carmonense Francisco Buiza Fernández (1981).

La bella testa de la Vera Cruz, de cráneo liso para colocar peluca, transmite en la expresión de su rostro todo el desgarro de la tragedia vivida, pero con su llorar silente. De sus ojos rasgados y apenas entreabiertos, vemos fluir lágrimas que se hacen de cristal al recorrer su mejillas. La boca, de sensual modelado, se abre en unos temblorosos labios como expresión logradísima del sollozo. Tiene perfectamente anatomizadas las orejas y la zona escapular del elegante cuello. Los ojos de cristal son de los denominados “de cazuelilla”, pintados por dentro, como fue bastante habitual durante el Siglo XVII.

Sobre la autoría de esta Dolorosa se han barajado durante muchos años distintos nombres de entalladores, aunque no se pudo documentar ninguna atribución.

Un detallado estudio de los documentos del archivo de esta cofradía nos ha proporcionado unos excelentes resultados y así tenemos que en el “Libro de quentas que se toman A los Mayordomos De la Cofradía de la Sangre de Jesuxpto”, que comprende los años 1610 a 1620, en su folio 95, aparecen las siguientes anotaciones: “… dio mas por descargo ciento y setenta y seis reales que el dho mayorodmo paga a Gerónimo Brenes escultor de la hechura de Un san Juan y nuestra señora que la dha cofradía hizo para sacar en la procesión los Jueves Santo como lo mostró por carta de pago del sobre dho su fecha. En dies de noviembre del año pasado de seyssientos y trece queda en poder del dho mayordomo…” “… dieron más por descargo ciento y treynta e dos reales que dió y paga A Gabriel Ortíz por dorar y pintar las dos hechuras de nuestra señora y San Juan como lo mostró por carta de pago del sobre dho su fecha en dos de marzo del año de seyscientos y catorce que queda en poder de dho mayordomo …”

Fue, por tanto, realizada por el escultor Jerónimo Brenes en el año de 1613, y policromada meses después por Gabriel Ortiz. También está documentado que la ensambladura de la madera para la talla la realizó Juan de Arnani (o de Arnania).

La policromía actual es consecuencia de una renovación efectuada por Don José Romero Benítez en 1981, quien recuperó la carnación original, a partir de algunos restos que aparecieron durante la restauración. Anteriormente fue restaurada en 1960 por Emilio del Moral.